jueves, 17 de diciembre de 2015

La jirafa no está mal


La jirafa no está mal
el delfín tiene su punto
los koalas son monísimos
los canguros extrañamente simpáticos
las hormigas muy trabajadoras
y al tigre no le hace falta smoking
para repartir lecciones de elegancia.  
Y sin embargo qué quieres que te diga
yo soy partidario del ser humano
seguidor incondicional
a mí dame mi dosis de ser humano cada día
que soy adicto a todas sus Historias
lo reconozco
me tenéis absolutamente conquistado.

Me gustáis en pequeñas dosis sobre todo
que tampoco es cuestión de atiborrarse
de ser humano todo el tiempo.
Pero qué hermosos os ponéis todos de uno en uno
cuando miráis sin mirar el horizonte
y masticáis ese miedo despacito
cuando os repartís la sangre y la esperanza
o cuando os enseñáis  los unos a los otros matemáticas.

Qué puñetera belleza
cuando os conseguís reír a carcajadas
y se escucha en toda la galaxia
o cuando subís juntos en el ascensor
y os fingís muy interesados en la meteorología.

Yo me comería vuestras orejas Sánchez
por fuera tan curiosas y tan suaves 
por dentro tan llenas de palabras fritas.
Me encantan esas ganas imperiosas de contar a los demás
que habéis visto a nosequién en la pescadería
adoro vuestro modo de salir a la terraza.

Me chiflan esos pulgares oponibles,
cuando decís  “qué noche tan bonita”
 y lo ponéis todo perdido de tristeza,
vuestras teorías llenas de velocidades de la luz y agujeritos negros
la naturalidad con que encendéis la lavadora
la sagrada diligencia con que quemáis a vuestros muertos.

Esos  dioses vuestros ya casi jubilados
las telenovelas de las cuatro de la tarde
la diminuta exactitud de las pestañas.
lo inútil del apéndice.

Tengo que reconocerlo
sois el animal de mi vida
me identifico con ese no estarse quieto en la quietud del ser
y por eso a veces quiero
abrazarme a  todos tus temores
besar autobuses de turistas japoneses
albergar enormes aeropuertos en el pecho
cogeros a los siete mil millones
y meteros un año dentro de mi boca.

¿Sabéis?
A veces  os miro subir las escaleras del metro
con todos esos sueños girando alrededor de la cabeza
y quiero deciros que soy uno de los vuestros.

Y arrodillarme ante vuestras ganas imposibles
de seguir comprando el pan eternamente.

Necesito susurraros que os amo
con todo este dolor incomprensible
este dolor que estaba aquí cuando llegué
que ni siquiera es mío
el dolor que ahora me brota de tus ojos.