jueves, 10 de noviembre de 2016

Una cucharilla en el bar de siempre



Querida cucharilla de café
nunca hemos hablado
y esto te va a parecer una locura.

Te llevo observando mucho tiempo
desde que vengo por este bar
hace ya bastantes años
y conozco algunos de tus gestos más íntimos.
Esa manera de reflejar en tu dorso plateado
las narices de la gente y deformarlas
el brillo que te arrancan las tardes soleadas de septiembre
lo mucho que te gusta 
tumbarte bocabajo en un platito.

Creo que tenemos cosas en común
esa afición tuya por removerlo todo
cuando todavía está caliente,
lo de sentirte especial a pesar
de que te pareces mucho a tus hermanas
Esa tendencia cucharil
a no saber bien qué decir
y a caerte de la mesa haciendo un ruido algo ridículo
la temperatura que se te dispara 
un segundo después de entrar 
en la boca de un desconocido.

Sé también que hay ciertas diferencias
a mí me late un corazón
y tú solo suenas si te choco contra el vaso
yo estoy lleno de tripas blandas y nervios enroscados
y tú eres de una sencillez impenetrable

Yo me paso media vida teorizando
y tengo miedo de morirme cada día
y a tu alma de aluminio
se la ve tan despreocupada.

Ojalá pudieras entenderme
abrieras esas orejitas de metal y me escucharas
porque quiero hacerte una propuesta
un intercambio a ver qué te parece :
yo te cuento qué se siente
cuando alguien te dice que te ama
y tú me cuentas
lo que pase en este bar
la mañana que amanezca el mundo
al día siguiente de mi muerte.