jueves, 23 de febrero de 2017

Epifanía light


Yo esperaba que me ocurriera
haciendo  el camino de Santiago
o en el Machu Pichu
quizá frente a una aurora boreal
o en los paisajes lunares de la Patagonia.
Pero no.
He encontrado la respuesta
he recibido la Iluminación
he comprendido el sentido último de todo
en la sección de lácteos
del supermercado de mi barrio.

De pronto mientras contemplaba todos esos yogures
desnatados y exactos como números primos
inmóvil frente a todas esas huestes de bífidos activos
he sentido que todo encaja y tiene su razón de ser en el cosmos
como si cada ente de la creación
estuviera en el expositor ontológico que le corresponde.

Con esta certeza etiquetando mi frente
como una pegatina de Dios
he recorrido un mundo de verdades en oferta
un joven reponedor con sobrepeso
ha sido mi guía espiritual
mi dalai lama.

He caminado junto a él por los emporios de Fenicia
(él lo llama pasilllo de perfumería)
allí he probado todas las colonias de muestra
lleno de ungüentos y aromas sensuales
he pedido que, como dijo el poeta, el camino sea largo
hasta la línea de caja.

Mis pies se han elevado a veinte centímetros del suelo
he visto el alma verde de las coles de Bruselas
me he postrado ante el milagro giratorio de la licuadora
he alcanzado el mismísimo satori
ante un paquete de fideos ramen instantáneos
la piedra filosofal tenía forma de croqueta congelada.

Extasiados
mi carrito y yo
hemos llegado al umbral del más allá
allí, frente al disparo de luz de la cajera
he leído su nombre en la chapita: Jenifer  
Jenifer, los ojos pintados de abismo
como un Anubis de extrarradio
Jenifer ha pesado mi corazón ligero como una pluma
y con la levedad propia de los seres mitológicos
ha dicho mientras sostenía el universo entero
 y mis yogures :

“Ha tenido usted mucha suerte
casi se nos habían agotado

todas las existencias”

domingo, 15 de enero de 2017

El circo de la melancolía


 Bienvenidos al mayor espectáculo del  mundo
apaguen sus teléfonos móviles y
acomódense  en su asientos.
Dentro de unos minutos
la alegría de aquellas vacaciones en Tailandia
se subirá  al trapecio
y hará un doble tirabuzón sin red  en su cerebro.

 El entusiasmo  de las primeras veces
meterá la cabeza en la boca del león,
y después  llegará aquella historia  de la infancia
¿la recuerda?
ha venido a escupir un haz de fuego
en su cabeza. 

Más tarde todas las palabras
que no supiste decir aquella noche
saldrán al escenario  sobre unos elefantes.

Luego intentará escapar de un cofre
sumergido en agua 
y cerrado bajo setecientas llaves
la mirada divertida y soñolienta
de cuando eras joven

Acto seguido
vuestra historia de amor
subida en siete monociclos
mientras hace malabares con los días grises
intentará cruzar la cuerda floja
de los cinco años.

En el circo de la melancolía
la función no se detiene
Como en todo circo que se precie
tiene que haber algún payaso
a la entrada 
le proporcionaremos un espejo.
Si tiene paciencia podrá ver a Felicidad
nuestra mujer barbuda
y a Fracaso el hombre bala.

Cuando todo haya acabado
no se repartirán corazones de repuesto.

Ármese de sonrisa firme y palomitas
y nunca desfallezca
nuestro circo es triste pero tiene gracia
el último salto mortal no podrá verlo
será el suyo.