domingo, 10 de mayo de 2015

Las diez palabras más bellas de este mundo


Vuelvo a ti siempre sudando
mientras bajo el techo de  mi cráneo
se desata un chaparrón de adrenalina
Vuelvo a ti aunque a veces eres otra

Intercambiamos decenas de palabras rápidas
y cuando quiero darme cuenta
ya me dices quítate la ropa.
Yo depongo mi disfraz de ser humano
tú me acaricias muy despacio
como si  yo fuera un delfín
o un libro de otra época.

Yo te amo y te respeto
porque lo sabes todo
porque entras blanca y fugitiva como un ángel en el cielo de mi boca
porque eres la barba de mi Dios
la cima de mi  Kilimanjaro
porque eres todos los decimales de mi número pi.

Y juntos  escuchamos  los violines de mi pecho
ese oscuro tambor del corazón
los siete saxofones de mis tripas.

Y yo quisiera diluirme entre tus manos
Vaciarme de todas mis preguntas diminutas
Entregarte mi carne rosada y turbulenta
para que metas tus dedos en los huecos
que hay entre mis átomos
para que tu mano indague en mis abismos
y cierre la puerta que no cierra en mi cerebro.

Entonces poco a poco
ladeas la cabeza y mirando a ese infinito cotidiano
con que suelen pintarse  las paredes de estos sitios
entreabres los labios para pronunciar
las diez palabras más bellas de este mundo:
“Está usted perfectamente, puede levantarse de la camilla y vestirse”


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