domingo, 18 de mayo de 2014

Conversación imposible en el museo de Ciencias


No sé por qué
pero miro tus piedras y tus huesos
detrás de este cristal
y te imagino triste.
Y hoy en  el interior de mi cráneo,
tan parecido al tuyo,
me gustaría que nos sentáramos, abrir una cerveza fría
y hablar  de hombre a hombre
hasta la noche.

No te lo vas a creer
pero todo parece indicar que de momento
vamos ganando.

Los mamuts esqueletos bajo tierra
las serpientes cada vez molestan menos
los leopardos, las panteras y los osos
nos evitan las pisadas en el bosque

Los terremotos cada vez más previsibles
hasta las enfermedades han retrocedido
aunque no lo suficiente
para ellas  nunca es suficiente.

Hace mucho que dejamos las cuevas definitivamente a los murciélagos
vivimos en pequeños orificios más cuadrados
sin arañas ni goteras.
Menos frío
Menos hambre
Menos bosque
Más palabra
Más locura
Mismo miedo

Hemos ocupado el mundo con sangre, paciencia y carreteras
lo hemos llenado  de gente como tú, como nosotros.

¿ Te acuerdas de aquel hueso redondo             
que te iluminaba el cielo por la noche?
Ahí sigue,
cuando vuelvo a casa   
lo miro  casi con  tu mismo asombro
aunque no pueda separarlo de la palabra “luna”
ni de tres o cuatro canciones con guitarra
ni de un tipo flotando en traje de aluminio.

No sé si llegaste a distinguir el ruido de la música
pero creo  que inventaste la belleza
la tarde que puliendo flechas
te dio por guardar aquella piedra
tan negra, tan lisa, tan distinta
tú no notaste nada
pero allí  estaban escondidos el Partenón , Rembrandt
la novena de Beethoven,
Shakespeare, Marilyn o Stanley Kubrick.

Por eso  quiero brindar contigo
por tus alas de ambición
y tus garras de pregunta

Gracias por quedarte mirando aquella puesta de sol inútilmente
por el deseo girando en tu pupila
y el orgullo sin nombre de tu especie
gracias por el fuego y el hacha y  la ternura 


Por ponerte de pié  hasta  hacer  que al suelo
le naciera para siempre  el horizonte,
por tu ingeniosa manera de buscarle nuevos
e intrépidos usos a la boca.

Gracias por el llanto y  por la lámpara de aceite
por el grito y su extraña propensión  a la palabra
por complicarte la vida
por el amor, tan animal  y tan extraterrestre.

Por tus terribles ganas de estrangular al tiempo
que también son mías
que también son nuestras.

Y no sé  qué más decir para animarte:
que tu mano en la pared aún se conserva
y  que los bisontes ahí siguen
como recién pintados 

1 comentario:

  1. Y gracias por tu poema cavernario, que rescata a la perfección los hallazgos poéticos de aquel primer artista

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