lunes, 22 de octubre de 2012

Eppur si muove (Y sin embargo se mueven)


Los árboles que veo desde mi terraza
tienen la costumbre bastante arbórea
de permanecer plantados, inmóviles.
Nadie entendería lo contrario,
que echaran a correr
por ejemplo hasta  la fuente
o persiguieran a los perros por el parque.

Yo voy o vengo del trabajo,
de Pekín o de tu casa
y ellos siguen esperando
tejiendo y destejiendo su reposo.

¡Qué raros son los  árboles¡
 Eligieron no moverse en el espacio
y sin embargo  se mueven en el tiempo.

Y se han movido conmigo tanto tiempo
que ya no sé donde acaban mis raíces
y comienzan sus pestañas.
  
Son plátanos de sombra, dicen,
pero el nombre nunca es lo importante,
yo podría llamarme Plátano de Sombra,
ellos miguel martínez y en esencia
todos seríamos los mismos.

Lo importante es
que cuando el cielo se pone de su parte
alargan uno cualquiera de sus brazos
y me ponen en la boca
una dulce mermelada de tristeza,
una nostalgia de doce mil futuros nunca vistos
que me suben por el tallo y  ¡plaf¡
me estallan al final de cada rama.

Por eso me da miedo que algún día
alguien diga que se acaba el baile 
ellos escriban su poema en mi corteza
me hagan llorar un montón de  frutas dulces,
transparentes,
y nadie, ni siquiera  ellos,
nos recuerde.

1 comentario:

  1. ¿Te lo he dicho alguna vez? Me encantan tus metáforas. Y también me encantan los plátanos de sombra. Tienen una corteza curiosa y dicen que son buenos resistentes de la contaminación y la "podredumbre" de la urbe.

    Me ha gustado, entiendo lo que dices. Cuando el cielo se pone de su parte, a mí también me dan ganas de llorar alguna que otra fruta dulce.

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