miércoles, 9 de enero de 2013
Recital poético en Lavapiés
Mañana a las 9 si el catarro me lo permite, y si no también, estaré dando guerra junto a tres poetas estupendos. Estáis todos invitados a venir y a una cerveza posterior.
domingo, 6 de enero de 2013
El poeta impuntual
El poeta vio una
puesta de sol
dulcemente hemorrágica
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.
El poeta vio a
a una mujer desnuda
terriblemente blanca
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.
El poeta vio
a un niño devorando una
chocolatina
despiadadamente puro
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.
Por más que lo intentase
siempre llegaba tarde,
Siempre tarde
y la poesía de allí
se marchaba antes.
Cansado
el poeta se miró al espejo
afiló sus lápices
muy rápido
y me senté a escribirlo
jueves, 27 de diciembre de 2012
No sé si Epicuro estaría orgulloso de mí
No sé si Epicuro estaría
orgulloso de mí
es una verdadera lástima
que no hayamos coincidido
nunca.
Me levanto pero ya es casi
de noche,
las latas de cerveza me miran
como peones sacrificados.
Una guerra civil de ropa
sucia y ropa limpia
se ha enconado en la trinchera del pasillo
(va ganando el bando con
menos escrúpulos)
Salto.
Cadáveres de libros y
papeles y periódicos
se pudren por un suelo más negro
que el subconsciente de un
escarabajo
Soy un pez fuera del agua,
boqueo
mientras el líquido
atraviesa mi garganta
pienso en uno de esos camiones
que limpian las calles con
mangueras.
Bebo
En un ataque de sinceridad
suicida
decido contemplar mi rostro
en el espejo
y como ya sé lo que viene
después de eso,
pensamientos del tipo:
esas ojeras violáceas las
hizo la muerte con un
subrayador
este pinchazo en el hígado
es el último estertor del cirrótico
este temblor de manos
el principio de una embolia
esta tos un cáncer
este sudor un corazón que
para…
como ya sé algo de mi
inclinación
a barajar diagnósticos
terribles
me acuerdo de Epicuro y su
farmacia,
Cuando
la muerte aparezca tú ya no estarás
y cuándo
tú estás la muerte no aparece.
Qué manera tan ridícula
de escurrir el bulto,
pienso,
y decido hacer lo mismo
y me vuelvo hasta la cama.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Calabaza
Huye de la gente que tiene
las cosas claras
si en algún momento tiene
que elegir entre
sentarse a aclarar las cosas
contigo
o meterte una calabaza por
el culo
elegirán lo segundo
lo digo sin tenerlo
demasiado claro.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Insulina y chocolate
Consistía en extraer el
precinto
descaperuzar la jeringuilla
y llenarla de insulina transparente,
venía en pequeños botecitos de cristal.
Era sencillo.
Mi abuela se levantaba un
poco
la blusa o el vestido
y dejaba ver una gran
barriga blanca
que hasta hoy guarda
un bonito parecido
con el planeta de El
Principito
en ilustración del propio Exupery.
La clave está en tener confianza
Ella nunca se quejaba
aunque yo llenara de violetas torpes
el viejo pergamino de su
estómago.
Ella siempre me hablaba de
los buenos tiempos
de lo feliz que había sido
devorando aquellos helados
de vainilla
chocolate fresa o mango
en el verano lento y chorreante
de su vieja Habana
Yo era pequeño
pero los niños no somos
imbéciles
conocemos la distancia que
opera
entre el helado de fresa y la inyección.
Por eso recuerdo su recuerdo
Y aquellos ojos de pequeña
travesura
Y aquella completa ausencia
de remordimiento
La sensación
de que todas las agujas del
mundo
no podrán nunca nada
contra uno de esos helados
que se derretían sólo
si dejabas de recordarlos.
domingo, 9 de diciembre de 2012
El sol no es suyo de momento
Después de toda la mañana entre
autobuses
el 32, el 71, el 20, el 18…
en hileras grises
como elefantes viejos.
Hacia las tres y poco
la tarde ya ha virado
violentamente a lunes
se ha puesto absurda y
peligrosa
como el centro de una
circunvalación.
Una tarde
erizada de abrigos y de
números.
metálica, insignificante
tan gris que parecía
diseñada
por un administrador de
fincas.
Después, horas después,
casi atardecida la esperanza
he vuelto a casa
y al mirar por la ventana
(ha sido de repente)
la explosión de una
sandía
te lo juro,
el cielo de diciembre
restallante
con cincuenta lamparones de agua
roja
Yo he contemplado el espectáculo inmóvil
mientras tú me decías no sé qué desde la ducha.
Aquel cielo de sandía, tu casa
tú en la ducha
ha sido
ha sido
como el dulcísimo sabor
de una mínima venganza.
jueves, 6 de diciembre de 2012
La literatura podría consistir en olvidar la noble tarea de morder una manzana
Este poema funciona sólo
si tienes una manzana entre las manos
Ve a la cocina
y si no la encuentras nada,
apéate en este mismo verso.
O mejor haz un esfuerzo y
vuela
hasta tu tienda de chinos más cercana.
Yo te espero aquí
con la manzana que sostengo
al escribir este poema.
Es roja, grande, brillante…
¿Ya tienes la tuya? mírala
es exactamente lo mismo
que yo estoy haciendo ahora.
Dos seres humanos
mirando una manzana
en tiempos y lugares
diferentes,
mírala…
¿Sabes una cosa?
A ti y a mí
el cielo se nos agusana
como el útero de una manzana
roja,
cada vez nos queda menos
tiempo.
Y sin embargo mira tu
manzana
Mírala conmigo
por el agujero de la palabra
YO.
Ahora ya podemos llorar
juntos
sabemos para qué
nos sirve la poesía.
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