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viernes, 22 de enero de 2016

Nietszche estaba equivocado


Dios está mayor
Dios no ha muerto todavía.
Dios lleva unos cuantos siglos
jubilado
Baja todas las mañanas
con su chándal de estrellitas
y sus manos a la espalda  
a contemplar el mundo.

Primero hace un poco de ejercicio
en una de esas bicicletas estáticas
que ponen en los parques
Dios se monta, pedalea
y lentamente van girando las galaxias.

Luego se sienta en un banco
a ver cómo el sol riega las calles
con su manguera de fotones
hasta que se cansa y se dedica
a alguno de sus pasatiempos favoritos:
incendiar algún arbusto
separar las aguas de los charcos
multiplicar salmones y baguettes
convertir el agua mineral en vino tinto
todas esas cosas que le gustaba hacer
en sus buenos tiempos.

Los domingos por la tarde
Dios juega a la petanca
con sistemas planetarios muy lejanos.
Los lunes madruga,
baja andando al bar de siempre
y se toma un carajillo
luego se gasta en una tragaperras  
algunas trayectorias de los átomos.  

Dios está mayor,
se aburre
a veces se queda dormido
en cualquier parte
la última vez mientras roncaba
 en su sillón de nubes
aquí abajo pasamos
dos guerras mundiales
veinticinco terremotos
y algunos genocidios.

El pobre ya no habla con nadie
y cuando la gente reza
sube el volumen de la lluvia.
Cada vez recuerda menos cosas
y ya no es tan omnisciente
como cuando era joven.

Son las cataratas del Niágara
las que tapan sus pupilas
los bosques nevados de Siberia
las canas que le han salido en la cabeza
el cambio climático
sus problemas de la próstata.

Él, que puso en pie la gravedad
que alicató el solito la Vía Láctea
que en su divina juventud
fue un Dios salvaje
de esos que por un pequeño enfado
desataban sin pensar El Gran Diluvio
y ahora, pobre
ya no le quedan fuerzas
para tanta omnipotencia.

Dios está muy pero que muy mayor
cada vez que sale de la ducha
y se mira en el espejo
se vuelve un poco más ateo.

El día que Dios se muera
no habrá grandes funerales
ni un coro de alondras y cigarras
entonando un réquiem
ni una bella explosión de supernovas

Dios se apagará despacio
en un tímido rincón de su universo
con la misma sencillez
con que se apaga la luz de la cocina  
sin hacer apenas ruido
lentamente
como se apagan siempre
las grandes ilusiones.



jueves, 17 de diciembre de 2015

La jirafa no está mal


La jirafa no está mal
el delfín tiene su punto
los koalas son monísimos
los canguros extrañamente simpáticos
las hormigas muy trabajadoras
y al tigre no le hace falta smoking
para repartir lecciones de elegancia.  
Y sin embargo qué quieres que te diga
yo soy partidario del ser humano
seguidor incondicional
a mí dame mi dosis de ser humano cada día
que soy adicto a todas sus Historias
lo reconozco
me tenéis absolutamente conquistado.

Me gustáis en pequeñas dosis sobre todo
que tampoco es cuestión de atiborrarse
de ser humano todo el tiempo.
Pero qué hermosos os ponéis todos de uno en uno
cuando miráis sin mirar el horizonte
y masticáis ese miedo despacito
cuando os repartís la sangre y la esperanza
o cuando os enseñáis  los unos a los otros matemáticas.

Qué puñetera belleza
cuando os conseguís reír a carcajadas
y se escucha en toda la galaxia
o cuando subís juntos en el ascensor
y os fingís muy interesados en la meteorología.

Yo me comería vuestras orejas Sánchez
por fuera tan curiosas y tan suaves 
por dentro tan llenas de palabras fritas.
Me encantan esas ganas imperiosas de contar a los demás
que habéis visto a nosequién en la pescadería
adoro vuestro modo de salir a la terraza.

Me chiflan esos pulgares oponibles,
cuando decís  “qué noche tan bonita”
 y lo ponéis todo perdido de tristeza,
vuestras teorías llenas de velocidades de la luz y agujeritos negros
la naturalidad con que encendéis la lavadora
la sagrada diligencia con que quemáis a vuestros muertos.

Esos  dioses vuestros ya casi jubilados
las telenovelas de las cuatro de la tarde
la diminuta exactitud de las pestañas.
lo inútil del apéndice.

Tengo que reconocerlo
sois el animal de mi vida
me identifico con ese no estarse quieto en la quietud del ser
y por eso a veces quiero
abrazarme a  todos tus temores
besar autobuses de turistas japoneses
albergar enormes aeropuertos en el pecho
cogeros a los siete mil millones
y meteros un año dentro de mi boca.

¿Sabéis?
A veces  os miro subir las escaleras del metro
con todos esos sueños girando alrededor de la cabeza
y quiero deciros que soy uno de los vuestros.

Y arrodillarme ante vuestras ganas imposibles
de seguir comprando el pan eternamente.

Necesito susurraros que os amo
con todo este dolor incomprensible
este dolor que estaba aquí cuando llegué
que ni siquiera es mío
el dolor que ahora me brota de tus ojos.


viernes, 27 de noviembre de 2015

II

Yo volvía del colegio y era un niño
caminando por la acera de mi barrio
con toda mi conciencia para mí
como un parque recién inaugurado.
Entonces jugaba siempre el mismo juego
en mi mente había un botón
que yo pulsaba.

Los coches se quedaban congelados
los pájaros en pause
los niños a mitad del tobogán
los abuelos a punto de entregar la receta en la farmacia
hasta la lluvia se quedaba suspendida
como si las gotas estuvieran cosidas en el aire.

Entonces yo corría en todas direcciones
me montaba en los coches que me daba la gana
merendaba gratis en las pastelerías
pintaba tonterías en la cara de los señores serios
levantaba la falda a cuadros del misterio
ganaba por una vez mi partida contra el mundo.

Muchos años después  
juego a escribir estos poemas
es el único modo que he encontrado
de pulsar ese botón de vez en cuando. 



jueves, 15 de octubre de 2015

Recital en la casa de zitas "El amor es un terrorista suicida"



El pasado 26 de septiembre estuve recitando en La Casa de Zitas, un magnífico espacio cultural abierto en Zaragoza. De aquella noche me queda este regalo. Mi poema "El amor es un terrorista suicidad" recitado en un lugar tan especial. 





martes, 29 de septiembre de 2015

Saturno y mis sueños


 Voy a pintar mis sueños de amarillo,
que es el color de estas paredes,
y a pegarlos bien a ellas en silencio.
Voy a meterlos en el infierno de la tostadora
pero con trajes de bombero
Voy  a jugar con ellos de noche
 y a esconderlos de día en la nevera,
dentro de los yogures desnatados
o en el humilde cesto de la ropa sucia.

Voy a guardar mis sueños
en el cuarto de atrás de tu sonrisa,
y en los bolsillos revueltos de las noches de verano
Voy a hacer con ellos camaleones perfectos,
para que cuando llegue el hijoputa del Tiempo
con su enorme barriga a devorarlos
por una vez se trague
alguna otra cosa diferente:
esta piedra gigantesca de los lunes
por ponerle algún ejemplo.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Epistemología de un pimiento



Son las doce menos cuarto de la noche
cuando aburrido ya de corregir exámenes
abro la nevera y en la balda superior,
como si fuera el corazón del frigorífico
encuentro maduro, solitario
y en principio incuestionable
un pimiento,
rojo.

Lo miro fijamente,
comparto con él unos segundos
y en su enigmático silencio de hortaliza
descubro con asombro  
que no sé bien qué estoy mirando

Se abre entre él y yo un abismo
de preguntas insondables
¿Por qué este pimiento es un pimiento?
¿Qué hace que se mantenga  pimiento tenazmente,
que no devenga puerro, calabacín o lata de cerveza?

Quiero decir
¿Es él quién lucha por perseverar en su ser?
¿O existe un orden superior que así lo determina?
¿En qué parte de su extraño cuerpo está su esencia?
¿Dónde la pimientalidad?
Si tras el pimiento está la cosa en sí
quizá deba despegar la pegatina imaginaria de su nombre
poco a poco  para que no se rompa
pi-         mien-         to
y entonces qué me queda

Pregunto
¿Más allá de todas mis intuiciones espacio-temporales,
de mis conceptos empíricos y puros
más allá del armario revuelto que llamo mi cerebro
más allá de mis ojos, mi idea y mi palabra
existe el pimiento como ser en sí?
¿O sólo existe para mí?
En definitiva
¿Hay pimiento?
¿Hay yo?
¿Hay hay?

Todas estas dudas tan kantianas
me asaltan una noche sin luna de septiembre
bajo la tenue luz de la nevera
desorientando el pequeño rumbo de mi vida.

Sin embargo, lentamente,
como un letrero de neón entre la niebla
como un cabo a tierra en mitad de la tormenta
se  dibuja sobre el fondo gris de mi conciencia 
una certeza doméstica
pero evidente, necesaria, indubitable:
Mañana sin falta tengo que hacer la compra.



martes, 18 de agosto de 2015

ADN


Parece imposible que quepa todo ahí
en una maleta tan pequeña
Si apenas se ve en el microscopio.
Debe estar todo bien doblado
como en un armario.
Apretujadas en sus compartimentos
casi todas las historias de mi historia.
Estos ojos marrones medio verdes,
encima de mi alergia a la penicilina,
esta rara intimidad con las palabras
al lado de mi tendencia a mancharme la camisa,
y un par de cajones más abajo
ahí no,
un poco más a la derecha,
¡ahí ¡
mi colon irritable.

Arriba,
en el cajón de lo tremendamente inalterable
la historia heterodoxa de mis dientes,
el modo en que camino, la calvicie,
las coordenadas exactas de todos mis lunares.
Y justo ahí, detrás, agazapada,
como una pantera confinada en una jaula
la enfermedad que intentará trasladarme al otro barrio.

Todo cabe aprisionado 
en esa especie de tirabuzón de nada
en ese escuálido muelle de colores.
que se habrá quedado así
de tanto quebrar la cintura de la muerte
de tanto jugar a los aminoácidos.
Que llevará siglos y siglos
saltando de tatarabuelo en tatarabuelo
siempre a punto de perderse para siempre
y siempre rescatado a tiempo
por las alas incansables del amor.

Y todo este despliegue de química precisa,
este prodigio minucioso,
este derroche de tiempo y proteínas
para que yo exista en esta tarde de verano,
para que yo no sepa emparejar los calcetines,
para que ahora me rasque tranquilamente la nariz
y piense un rato en tu sonrisa.