miércoles, 26 de octubre de 2016
He ganado el premio Ciudad de Badajoz.
Increíble pero cierto he ganado un premio importante. Yo que no ganaba nada ni en las promociones de bolsas de patatas fritas. Los poetas con pies de mono también podremos pisar esas alfombras??
martes, 4 de octubre de 2016
Contra el silencio
VLADIMIR:
¿Qué dicen?
ESTRAGON: Hablan acerca de su vida.
VLADIMIR: Haber vivido no les basta.
ESTRAGON: Tienen que hablar de ello.
ESTRAGON: Tienen que hablar de ello.
Parece solemne
parece elegante
como un tipo altísimo y delgado
vestido con un smoking negro.
Pero el silencio es un farsante
se cuela sin avisar en la
buhardilla de tu boca
en los pulmones de los viejos
en la almohada de los enamorados.
El silencio es el deporte favorito
de las piedras
la carcoma, la ceguera, un dios de
trapo.
En el silencio no hay revelación
posible
no es un mapa del tesoro
no es la contraseña para entrar en
el espejo
no suena, no mancha, no acaricia
el silencio es solo
el triste mayordomo de la muerte.
Yo creo en las palabras
yo de un adjetivo estoy dispuesto a
enamorarme.
no sé tú pero si esto es una guerra
yo quiero pertenecer al bando de las
palabras.
Y mira que es bonita la palabra “relámpago”
más bonita que el relámpago mismo
y la luna es más bella cuando la
llamo luna
y
yo prefiero las cosas que son solo palabra
como el amor
que es el hijo ingobernable de la
palabra amor.
Yo quiero solamente
que la gente hable por la noche
que la gente hable por la noche
mientras yo me duermo
que me cuenten su vida
que yo recojo sus palabras
las acurruco
y les pongo una cama en mi garganta.
Vendrá la muerte
y al menos le costará trabajo
tendrá que arrancarme una a una
todas las palabras
que me enseñó mi madre.
domingo, 11 de septiembre de 2016
Regalando amor
En el sueño yo tenía tanto amor
que decidía repartirlo
salía a la calle para intentar polinizar
con besos
un campo de amapolas
susurraba canciones a los gatos
y saludaba a los perros con el
mismo ritual
con el que ellos saludan a sus
amos.
Hacía cosquillas a las ramas de los
árboles
y daba un masaje en los pies a los semáforos.
Visitaba a las farolas pobrecitas
que no se pueden mover
y les contaba historias de farolas
rebeldes y viajeras.
En el sueño yo era Cupido con barba y pantalones
hacía que las cebollas lloraran de
la risa
sacaba a bailar swing a las palomas
abrazaba a todos los girasoles por
la noche
cuando están más tristes
y escribía cartas de amor a las
cucharas.
En el sueño tenía tanto amor que
empezaba a repartirlo
y era capaz de engendrar en la
belleza.
En mi sueño el guepardo, la gacela
y yo
nos comprábamos una casita junto al
río.
Cuando el surtidor de gasolina
me decía han sido treinta litros de
diésel
yo le respondía: “ te quiero tanto”
Iba a la pescadería
y les cerraba los ojos a todas las
lubinas
y a los boquerones les contaba un
cuento
y le daba las buenas noches al café
soluble.
En el sueño yo sembraba amor y más
amor
tenía tanto amor que decidía
repartirlo.
Luego me despertaba
y volvía a ser este imbécil
incapaz de demostrar amor
por todo lo que de verdad me
importa.
sábado, 27 de febrero de 2016
Las cosas son las cosas
Las
cosas son las cosas
y
no hay mucho más misterio
la
piedra
cada
mañana se coloca su disfraz de piedra
y
sigue el guión a rajatabla
no
improvisa
pero
es imposible hacer tan bien de piedra
como
lo hace ella.
Las
paredes de esta casa
no
echan de menos a los inquilinos antiguos
el
cuchillo duerme a pierna suelta en el cajón
y
no sueña con bañarse desnudo
en
la sopa de verduras.
No
esconde dudas existenciales mi zapato
y
la silla no se siente abandonada cuando me levanto.
El
paraguas negro
no
tiene complejo de pingüino
y
el pingüino
se
conforma con vivir apingüinado.
Las
cosas son lo que son
y
están tranquilas en ese límite
sólo
yo de entre todos los seres de este pequeño mundo
me
muero por salir de mi frontera
por
ser algo más que yo.
Solamente
yo estaría dispuesto a dar un brazo
una
pierna, un par de primaveras
cualquier
cosa
por
saber en este mismo instante
qué
será de mí cuando yo no sea
qué
comienza donde yo me acabo
qué
demonios se siente
siendo
tú.
jueves, 4 de febrero de 2016
Inventario del descuido
Las
llaves de casa, la confianza,
la
sonrisa, la memoria, la cartera
esa
capa brillante que cubre la vida a los veinte años
La
vergüenza, las ganas, el móvil,
el
pelo, la gracia, todas las fotos de las vacaciones.
El
hambre, la autoestima,
la
media naranja de todos mis calcetines,
el
libro de Pessoa, la caja de ibuprofeno, el mando de la tele,
el
partido decisivo, la calma, la razón, el tiempo,
la
contraseña del wifi,
aquel
sueño que me atravesaba el pecho como un cometa
el
sitio en el autobús, el ticket del parking, el sentido de la vida
la
palabra apropiada, mi jersey favorito,
la
esperanza
y trescientos
ciencuentaidós paraguas.
Reconozcámoslo
soy
un auténtico especialista
en
el delicado arte de perderlo todo
la
única razón de que hoy no haya perdido las gafas
es
que no uso gafas.
Es
una habilidad que llevo perfeccionando muchos años
estoy
acostumbrado
No
me asusto cuando las llaves de mi coche
deciden
vivir su propia aventura
y
viajar solitas debajo de mi cama
ni
siquiera me pongo nervioso
cuando
mi cartera se va de fiesta con todas mis tarjetas
y
no dan señales de vida en cinco días
Y
sin embargo muero de miedo
con
solo imaginar que un día pueda perder eso
para
lo que nunca encuentro el verso apropiado
eso
que nunca tengo del todo
porque
ni siquiera es mío
eso
que para entendernos
vamos
a llamar provisionalmente
tus
ojos
miércoles, 27 de enero de 2016
Para los que seguís Mis pies de mono informo. El próximo miércoles 3 de febrero voy a recitar poemas nuevos y viejos en NdelT, un bar de La Latina. Llevo unos cuantos meses sin saltar al campo a jugar un partido poético completo, he estado en una especie de retiro espiritual que en el fondo no ha sido ni tal retiro ni nada espiritual. Tengo ganas de volver al micro. La entrada y la salida son gratuitas.
viernes, 22 de enero de 2016
Nietszche estaba equivocado
Dios
está mayor
Dios
no ha muerto todavía.
Dios
lleva unos cuantos siglos
jubilado
Baja
todas las mañanas
con
su chándal de estrellitas
y
sus manos a la espalda
a
contemplar el mundo.
Primero
hace un poco de ejercicio
en
una de esas bicicletas estáticas
que
ponen en los parques
Dios
se monta, pedalea
y
lentamente van girando las galaxias.
Luego
se sienta en un banco
a
ver cómo el sol riega las calles
con
su manguera de fotones
hasta
que se cansa y se dedica
a
alguno de sus pasatiempos favoritos:
incendiar
algún arbusto
separar
las aguas de los charcos
multiplicar
salmones y baguettes
convertir
el agua mineral en vino tinto
todas
esas cosas que le gustaba hacer
en
sus buenos tiempos.
Los
domingos por la tarde
Dios
juega a la petanca
con
sistemas planetarios muy lejanos.
Los
lunes madruga,
baja
andando al bar de siempre
y
se toma un carajillo
luego
se gasta en una tragaperras
algunas
trayectorias de los átomos.
Dios
está mayor,
se
aburre
a
veces se queda dormido
en
cualquier parte
la
última vez mientras roncaba
en su sillón de nubes
aquí
abajo pasamos
dos
guerras mundiales
veinticinco
terremotos
y
algunos genocidios.
El
pobre ya no habla con nadie
y
cuando la gente reza
sube
el volumen de la lluvia.
Cada
vez recuerda menos cosas
y
ya no es tan omnisciente
como
cuando era joven.
Son
las cataratas del Niágara
las
que tapan sus pupilas
los
bosques nevados de Siberia
las
canas que le han salido en la cabeza
el
cambio climático
sus
problemas de la próstata.
Él,
que puso en pie la gravedad
que
alicató el solito la Vía Láctea
que
en su divina juventud
fue
un Dios salvaje
de
esos que por un pequeño enfado
desataban
sin pensar El Gran Diluvio
y
ahora, pobre
ya
no le quedan fuerzas
para
tanta omnipotencia.
Dios
está muy pero que muy mayor
cada
vez que sale de la ducha
y
se mira en el espejo
se
vuelve un poco más ateo.
El
día que Dios se muera
no
habrá grandes funerales
ni
un coro de alondras y cigarras
entonando
un réquiem
ni
una bella explosión de supernovas
Dios
se apagará despacio
en un tímido rincón de su universo
en un tímido rincón de su universo
con
la misma sencillez
con
que se apaga la luz de la cocina
sin
hacer apenas ruido
lentamente
como
se apagan siempre
las
grandes ilusiones.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
